Nuestra Señora, la Reina de Toda América

por Thomas A. Szyszkiewicz

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Cuando la Virgen María se le apareció por primera vez a Juan Diego el 9 de diciembre de 1531, le expresó su deseo de que se le construyera una iglesia en el cerro del Tepeyac, cerca de lo que actualmente es la Ciudad de México. “Ahí”, dijo ella, “como Madre piadosa que soy, mostraré todo mi amor, misericordia, ayuda y protección a ti, a todos los habitantes de esta tierra y a los que me amen, invoquen y confíen en mi”.

Respondiendo a la petición de María, se construyó una iglesia, y en ese lugar se yergue hoy la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

Más de 450 años después de su primera aparición a San Juan Diego, el Espíritu Santo incitó a un obispo de una diócesis rural en Wisconsin a que cumpliera con una petición similar.

Poco después de que el Arzobispo Raymond L. Burke fuera ordenado Obispo de la Diócesis de La Crosse, Wis., en 1995, expidió una carta pastoral expresando su deseo de construir un santuario en honor a Nuestra Señora.

“Había visto el descenso en la vida devocional desde que fui ordenado sacerdote en 1975 y quería hacer algo para tratar de restaurarla”, recuerda el Arzobispo Burke. Este Arzobispo forma parte del Consejo Bishops 10490 en San Luis Missouri, y fue nombrado Arzobispo de San Luis en 2003; allí estuvo trabajando hasta junio pasado, cuando el Papa Benedicto XVI lo eligió como prefecto de la Signatura Apostólica (es el “Tribunal Supremo” que rige el Derecho Canónico de la Iglesia).

En su carta original, el aún Obispo Burke sugirió que el santuario fuera dedicado a María bajo el nombre de Nuestra Señora de Fátima. Pero esta propuesta sufrió una ligera transformación en 1999, cuando el Papa Juan Pablo II emitió una exhortación apostólica titulada Ecclesia in America (La Iglesia en América).

En dicho documento, presentado durante la visita apostólica a México, Juan Pablo II llamó a Nuestra Señora de Guadalupe “Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización”. Fue esta frase la que captó la atención del Obispo Burke y lo hizo pensar en cambiar el objetivo del santuario.

Una Devoción Que Se Expande

Mientras que algunas personas piensan que la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe es una tradición meramente mexicana, su popularidad se ha incrementado en los últimos años, sobre todo en los Estados Unidos de América. Esto se debe en gran parte al hecho de que el Papa Juan Pablo II realizó cuatro visitas a la basílica en la Ciudad de México, más que a cualquier otro santuario no italiano. Dos de estas visitas, en 1990 y en 2002, se realizaron para beatificar y posteriormente para canonizar a San Juan Diego.

No existen cifras exactas para saber cuántos ciudadanos americanos o canadienses honran a Nuestra Señora de Guadalupe. Ni tampoco hay estadísticas que nos indiquen qué porcentaje de quienes profesan esta devoción son hispanos, o quiénes la ven como lo que es, no un tipo de diosa, sino la Madre de Cristo.

Sin embargo, muchos han visto la evidencia de una devoción renovada y extendida con sus propios ojos. Por ejemplo, cuando Dan Lynch, abogado y juez en Vermont trajo a una parroquia en Connecticut una imagen peregrina de Nuestra Señora de Guadalupe, se acercaron más de 10 000 personas. Y la mayoría de ellas no eran hispanas. “Esto es la devoción: es una expresión de nuestro amor”, dijo Lynch, quien es miembro del Consejo St. Albans (Vt.) 297.

En 1992, Lynch comenzó un apostolado de tiempo completo para llevar imágenes peregrinas de Nuestra Señora de Guadalupe a las parroquias, orfanatos, escuelas, cárceles y a otras instituciones dentro de territorio estadounidense.

“Después del Segundo Concilio Vaticano, tuvimos una limpieza devocional”, explicó Lynch. “Pero está regresando porque necesitamos recuerdos sensibles del otro mundo. Y eso es lo que representa esta imagen, está frente a tus ojos”.

Justamente, lo que terminó por convencer al Arzobispo Burke de construir el santuario de La Crosse en su honor, fue el ver a Nuestra Señora cara a cara. Después de leer la exhortación apostólica Ecclesia in America, estudió más sobre las apariciones de María a San Juan Diego. Mientras más leía, más se impresionaba. Finalmente fue a una peregrinación a la basílica en la Ciudad de México. Todo lo que le faltaba para afirmar su decisión era mirar la tilma de San Juan Diego, el manto de fibra de maguey donde está impresa la imagen milagrosa de María.

“Tuve la sensación de que la Madre de Dios me estaba mirando”, dijo el Arzobispo Burke. De hecho, parece como si María lo estuviera “abrazando místicamente”. De ahí en adelante, decidió dedicar el santuario en La Crosse a Nuestra Señora de Guadalupe.

Madre de Misericordia

 De acuerdo con el Dr. Mark Miravalle, un teólogo catedrático de la Universidad Franciscana de Steubenville, en Ohio y miembro del Consejo St. Catherine 4590 en Hopedale, uno de los mensajes principales de María a Juan Diego es que es nuestra madre misericordiosa. “Primero, es una madre en el orden de la gracia”, dijo. “El mundo necesita una madre y ella dice, “Yo soy esa madre”.

La cultura azteca dentro de la cual nació Juan Diego fue “una de las culturas más satánicas de la historia”, según Miravalle. Por ejemplo, en 1487, 44 años antes de que María se le apareciera a Juan Diego, los aztecas sacrificaron a aproximadamente 80 000 víctimas humanas para volver a consagrar la Gran Pirámide de Tenochtitlán.

 Los españoles trajeron misioneros Franciscanos y Dominicos cuando llegaron en 1519 y también lo hizo Cortés cuando arribó en 1521. Los misioneros no sólo tuvieron que enfrentar la brutalidad de la cultura azteca, también tuvieron que luchar contra el maltrato que sufrían los indígenas por parte de los españoles y las peleas internas entre sus comunidades religiosas. En otras palabras, evangelizar al Nuevo Mundo era un trabajo lento y duro.

Fue en este contexto en el que, según Miravalle, María vino y dijo: “Yo soy su madre misericordiosa”. Esa misericordia y la belleza de su rostro atrajeron a tanta gente de todo el territorio que durante ocho años se bautizaron más de nueve millones de habitantes indígenas. Además de la Resurrección, no había existido un evento evangélico de tal magnitud en la historia de la Iglesia.

De acuerdo con Miravalle, actualmente existen pruebas de que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe también jugó un papel muy importante en Europa. 40 años antes de que María se le apareciera por primera vez a Juan Diego, Don Juan de Austria traía una imagen en su barco al guiar a la fuerza naval Cristiana contra los Turcos en la Batalla de Lepanto.

Actualmente, Nuestra Señora de Guadalupe trae la misericordia de Dios a otra cultura diabólica, la cultura de la muerte. La imagen de Guadalupe, que es la única que representa a María embarazada, es la avanzada en la batalla por la vida. Es más, “Ella es la reina de esa batalla”, asegura Miravalle.

Quizá no fue coincidencia que Juan Pablo II publicara Ecclesia in America, proclamando a Nuestra Señora de Guadalupe como “Madre y Evangelizadora de América” el 22 de Enero, en el aniversario de la decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos sobre el caso Roe vs. Wade.

Las imágenes peregrinas de Nuestra Señora de Guadalupe, que son réplicas de tamaño natural de la original, a menudo son llevadas en manifestaciones pacíficas, afuera de las clínicas de aborto. Como resultado, según Lynch, algunas de estas clínicas han cerrado.

Más Allá de las Fronteras

El mensaje y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe continúan cambiando la vida de millones de personas.

Por supuesto el pueblo de México aún mantiene un profundo amor por ella. Los peregrinos mexicanos a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México a menudo recorren el camino descalzos y atraviesan la plaza de la basílica de rodillas. A diario se celebran al menos 30 misas.

José Robles, director del ministerio hispano de la Diócesis de Phoenix, ha recibido lúgubres muestras del amor del pueblo mexicano por Nuestra Señora. En cuatro ocasiones, Robles estuvo con los agentes de la Patrulla Fronteriza cuando descubrieron cuerpos de inmigrantes mexicanos que habían muerto tratando de llegar a los Estados Unidos. En cada caso, dijo, los inmigrantes llevaban consigo imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe.

En la homilía de la fiesta de Nuestra Señora, el 12 de diciembre de 2006, el Obispo Thomas J. Olmsted de Phoenix comentó que ella, “había traído la reconciliación entre los europeos y los indígenas, traspasando la frontera del lenguaje, la cultura, las costumbres y muchas cosas más”. Además, algunos señalan que cuando Maria le dijo a Juan Diego que ella era la madre de “todos los habitantes de esta tierra” no existían las fronteras internacionales en el Nuevo Mundo.

Cuando se planeó la idea de construir un Santuario a Nuestra Señora de Guadalupe en La Crosse, se pensó primero en que fuera un lugar de peregrinación para la diócesis y sus alrededores. Sin embargo, la cobertura televisiva y los diferentes artículos ayudaron a que el santuario llamara la atención de la gente. Desde que se terminó y se bendijo el verano pasado, el santuario ha atraído a peregrinos de todas partes.

No cabe duda de que Nuestra Señora de Guadalupe, como Juan Pablo lo dijo en su Ecclesia in America, es verdaderamente la “Reina de toda América”.

Thomas A. Szyszkiewicz es un escritor independiente de la prensa Católica y presidente de la Radio Mundial Católica. Él nos escribe desde Minnesota.

El evento guadalupano

El evento guadalupano es el encuentro entre Dios y el Hombre a través de Su propia Madre, Santa María de Guadalupe, quien del 9 al 12 de diciembre de 1531 se le apareció al humilde indígena Juan Diego Cuauthtlatoatzin, a quien Ella entregó su Mensaje y su Imagen, llenos de amor para la Iglesia Católica y, de Ella, para el mundo entero. Como dijo el Papa Juan Pablo II, es el gran ejemplo de la perfecta evangelización del pueblo.

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